Colectivos. Un viaje de Ida?
Colectivos. Un viaje de Ida?
Qué fenómeno tan particular que tiene nuestro país, una especie de vehículo popular de transito vial ligado al destrozo de coches, accidentes, etc.
Todos manejamos mal, pero no como el colectivero, éste tiene una saña particular con los autos diminutos, las bicicletas, las viejitas y por supuesto los taxis.
Me pregunto si de chiquito el futuro colectivero cuando andaba en bici, o paseaba en triciclo por la plaza encerraba a los demás nenitos o se les pega atrás hasta que lo dejasen pasar.
Tal vez se deba a desperfectos técnicos, por eso cada tanto vemos un bondi incrustado en el frente de una casa o en la vidriera de algún local con poca suerte ese día.
Por eso quizás, tampoco respetan los semáforos en rojo, semejante monstruo metálico no debe tener un buen sistema de frenado.
Lo más interesante es ser un desdichado pasajero. Ni bien uno sube, en el momento justo cuando estás por poner una moneda chiquitita en una ranura insignificante a una altura considerable el colectivo gira en una curva casi en 2 movimientos (1. Está quieto – 2. Giró por completo).
Y ahí la monedita sale disparada por debajo de las piernas de perfectos desconocidos, pero con tanta mala suerte que no pudiste ver para dónde, sobretodo porque estabas velando por tu vida y tratando de no seguir los mismos pasos que la moneda.
Si estás sentado la cosa cambia, es probable que no vueles con cada movimiento brusco, pero seguro te tenés que levantar porque sube una embarazada/anciana, o tal vez te cansaste de que tus glúteos se cocinen a fuego lento por el calor del motor.
Los colectivos, tienen esas pequeñas-grandes molestias, como por ejemplo, que las ventanillas en verano están durísimas, que ni siquiera He-Man podría abrirlas y a contracara de esto en pleno invierno, no sabés que hacer para que queden cerradas y no se te congelen las orejas.
Si te sentás atrás parece que estás en el Samba, o en el toro mecánico, se mueve tanto que terminás agarrándote del tipo que tenés al lado.
Otra cosa curiosa es la ubicación de los timbres, algunos están arriba de la puerta por lo que tenés que colgarte de una mano y la otra estirarla para llegar sin sucumbir en el hueco de las escaleras. O sino, están esos que apuntan para abajo, que sólo los contorsionistas y los enanos los pueden tocar.
También, luego de esperar casi la mitad de tu día en la parada te puede pasar que; el colectivo viene tan lleno que no para, viene atrasado y tampoco para, o finalmente te hace la tan odiosa seña de “no, no”, y mirás que tiene el cartel de “MÁQUINA EXPENDEDORA FUERA DE SERVICIO” algo similar a estar en el infierno.
De seguro el colectivero es el personaje más insultado de todos los que tenemos en la Argentina, más que los políticos, que los policías, que el del supermercado chino y que el mecánico. Pero a ellos pareciera gustarles, disfrutan de hacerte luces y esperan sedientos que tu mano salga de la ventanilla generando algún gesto grosero, o que le digas el famoso insulto familiar.
De ser así, me considero un fiel cumplidor con sus deseos y jamás caeré en el olvido de gesticular contra ellos.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada
Vínculos a esta entrada:
Crear un vínculo
<< Página principal